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A LA CARTA: EL OTRO CUMBRES

Publicada el 06/11/2017 por Juan Antonio Eymin

Punto ocho, el comedor del hotel Cumbres Lastarria le hace guiños a la buena cocina mediterránea con productos nacionales de buena calidad.


No es fácil dar en el clavo gastronómico en un barrio como Lastarria, ya que la concentración de restaurantes debe ser una de las más altas de la capital. Sin embargo, en el hotel Cumbres Lastarria se han dado maña para conquistar y acomodar en sus instalaciones a  un variopinto público que pasea, disfruta o trabaja en el sector. A mediodía y gracias a sus menús ejecutivos, Punto Ocho –su restaurante- recibe a una gran cantidad de profesionales que trabajan en el barrio, donde a diario encuentran dos menús diferentes a precios bastante atractivos ($11.900 a $18.900). Si a ello se le suma un buen servicio, linda vista y un comedor más que cómodo, moderno y tranquilo, es posible entender las razones de su éxito.

 

La cocina hotelera, a diferencia de los restaurantes comunes, deben mantener una serie de platos en sus menús que–obviamente- lo apartan de la especialidad asumida. Los turistas y pasajeros influyen en que los hoteles tengan sopas el año corrido y que las pastas se conviertan en uno de los must de estos establecimientos, aunque sea una complicación más para la creación de los menús hoteleros. Por ello en Cumbres Lastarria decidieron dejar su restaurante en las manos de Pablo Olivares, cocinero y luego chef en grandes comedores como el inolvidable BICE del hotel InterContinental y de los casinos y hoteles Enjoy, con la finalidad de romper la creencia habitual de que los comedores hoteleros son aburridos.

 

A la hora del ocaso y los fines de semana, la carta deslumbra. Con gran vista al centro de la capital y una batería de propuestas bien elaboradas y sabrosas, la semana pasada comencé mi paseo gastronómico con una excelente porción de Salmón curado sobre un suave blinis de cilantro y raíz, caviar de mango y frutos secos ($7.600), que me devolvió el alma al cuerpo luego de percatarme que el salmón era de primera selección y que combinaba a la perfección con los acompañamientos. Si a ellos le sumamos un Carpaccio botánico de vacuno con emulsión de limón sutil, alcaparras fritas y lascas de queso pecorino ($8.900), doy fe de que en Punto Ocho se están haciendo las cosas bien, bastante mejor que antes, a pesar del Pulpo grillado, que resultó blando y desabrido (menos mal que este recurso entró en veda, ya que hay que dejar descansar los paladares con tanto pulpo dando vueltas por ahí).

 

No debo ser el primero ni el último que guste de las sopas. Un vicio adquirido en muchos años de oficio y que cada día me siguen asombrando. Acá, una simple Crema de tomates, con toques de albahaca y bocconcini ahumado ($6.500), es la perdición y un vicio. Se nota acá el placer del chef por la cocina mediterránea con énfasis en las pastas, ya que las trabaja a la perfección y esmero, como unos geniales Ravioles rellenos con chupe de centolla en masa de calamares, con suave salsa de ostiones y cítricos confitados ($12.900), que apuntan a convertirse en uno de los platos más sabrosos de este año (si le bajan un poco la fuerza de la salsa de ostiones), tanto como los Sorrentinos rellenos con carne braseada en masade finas hierbas con salsa de mix de setas ($10.900); o los Papardelles que acompañan un trozo de entraña Angus, con ragú de setas y suaves aromas a tartufo ($13.900).

 

Congrio, mero y carnes Angus entre sus especialidades. Lo suficiente para no repetirse los platos durante un largo tiempo. Los postres, otra adicción: enamórese la Torta Ópera de frambuesa y avellanas europeas ($5.000) que no deja a nadie indiferente. El lugar, si no lo conoce, es parte de la versión nueva del barrio Lastarria, donde sus creadores y arquitectos lograron convertir una casa antigua y con un frente minúsculo, en un hotel de categoría que en la actualidad supera con creces los índices de ocupación de los hoteles en la capital.

 

Santiago tiene dos hoteles Cumbres. Uno en el barrio alto, donde impera la cocina chilena de Claudio Úbeda, y el otro en el barrio Lastarria, donde Pablo Olivares quiere dejar huella. Ambos establecimientos cumplen sus objetivos y están haciendo historia. Cada uno en lo suyo pero empapados con la filosofía que lleva adelante esta pequeña cadena hotelera que nació en Puerto Varas y cuya cocina ha sido premiada desde sus inicios. En la actualidad es muy difícil ser líder gastronómico en el segmento hotelero ya que la oferta es inmensa. Aun así, le pongo fichas al Punto Ocho, ya que tiene todo para buscar espacio dentro del circuito gastronómico capitalino.

 

Punto Ocho /

Hotel Cumbres Lastarria

Dirección: J.V. Lastarria 299

Teléfono: 22496 9010

 

(*) Juan Antonio Eymin es cronista gastronómico y fundador de Lobby, la primera revista  destinada al sector hotelero y gastronómico de Chile. En la actualidad sus comentarios pueden ser leídos en varias publicaciones. Su independencia le da la libertad necesaria para aconsejar a sus lectores, por eso donde va gusta destacar lo bueno y lo malo.



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